Datos Básicos: Esta vez el club organizó una ruta en los aledaños del Parque Nacional de Cabañeros, partiendo de la zona recreativa de las Becerras, para ascender a la Sierra de la Botija.
Crónica: Una vez aparcados los coches en el punto de partida, y tras esperar un buen rato por varias participantes que por un error del Navegador se perdieron, el grupo inició la marcha con el frío de la mañana, que aun blanqueaba escarchado en plantas y charcos helados. Tras cruzar el río Pusa por un puente de madera, se ascendió por un camino a la derecha rodeando la sierra. El camino se estrechaba hasta convertirse en una senda, que en ocasiones se perdía, pero el grupo encontró la manera de llegar al lado oeste de la montaña, donde se retomaba el camino para llegar a una pradera junto a una explotación.
Desde aquí, se iniciaba el ascenso a la sierra por buen camino, hasta que en una curva, se tomaba un sendero a la derecha para iniciar el ascenso final a la cuerda de la sierra por una fuerte pendiente. Una vez en la cuerda, el grupo giró hacia la izquierda en dirección al risco rocoso de la cima del Botija 1085 m. objetivo de la ruta.
Tras alcanzar el hito geodésico, se descendió de la cresta y siguiendo por la cuerda, se alcanzó la zona de mayor altura de la sierra 1118 m, desde donde se domina todo el Valle del Pusa y se divisan las Sierras del Castillazo al Oeste, del Horno al Norte, la Sierra Fría al Sur y la cuerda del Rocigalgo al Noreste.
Tras volver sobre sus pasos, el grupo hizo la pausa para la comida en una zona soleada y al abrigo del viento, donde se hicieron las preceptivas fotos del bota-call y se compartieron viandas, bebidas y dulces. Después del descanso, se continuó el camino hasta el Collado de la Ermita, desde donde se inició el ascenso para visitar los restos de una antigua explotación minera. Así, el grupo se encontró con una gran hendidura rocosa en una hondonada, que era la entrada de una antigua mina de hierro de época romana.
La abertura era impresionante y la pendiente de la mina, unida al suelo arenoso, hacían muy arriesgado internarse en la misma, por lo que el grupo hizo unas fotografías y continuó la marcha.
Desde aquí, se continuó por la cima de la Sierra de la Toledana, hasta alcanzar la zona de las antenas donde, desde un improvisado mirador, se hicieron las últimas fotos de la jornada.
El grupo regresó al Collado de la Ermita, y tomando el camino de la derecha, que desciende hacia el valle, se regresó a la zona de las Becerras donde en el restaurante el grupo degustó un hornazo casero, cocinado por nuestro compañero José Vicente, que acompañado con unas cervezas, fue el colofón perfecto de una gran jornada en la montaña.
