Datos Básicos: De los iniciales 7 asistentes, 3 no pudieron asistir por diversas circunstancias, con lo que finalmente 4 asistentes disfrutaron de una preciosa ruta nocturna por las estribaciones de los Montes de Toledo. En la realización de la ruta se recorrieron 11,5 kilómetros de longitud aproximadamente y se libró un desnivel de 450 metros.

Crónica: A las 20:30 horas, una vez aparcados los vehículos en la ermita de Valdehierro, en el área recreativa del mismo nombre, los cuatro asistentes de los siete participantes inscritos en la ruta inicialmente, decidieron reagruparse en un solo vehículo y trasladarse en el mismo hasta el Colmenar de las Huérfanas, cerca de la pedanía de Cinco casas. Una vez rociados convenientemente con repelente para insectos para evitar la incómoda y peligrosa “visita” de las garrapatas, que en esta temporada están muy activas, se dio por comenzada la ruta.
Pertrechados con las correspondientes linternas y frontales, la ruta comenzó por un camino ancho que iba subiendo de forma cómoda paralelo al arroyo de Valdezarza. Al poco de comenzar, se abandonó el camino y se tomó una senda que subía y en muchos casos atravesaba dicho arroyo. Pocos cientos de metros después, se alcanzó el conocido por los oriundos como “La ducha de la Toñi”, lugar que según la leyenda utilizaba una de las huérfanas para bañarse. Lamentablemente, en esta ocasión el charco estaba vacío. El grupo aprovechó para hacer unas fotos en este lugar tan bonito y curioso a la vez.
Pocos minutos después, el grupo llegaba hasta la presa de las Sierras de Madridejos, utilizada para aprovisionar de agua en caso de incendio y en la que afortunadamente, había bastante agua. Aparecen en sus orillas numerosas huellas de animales que aprovechan para beber en estos tiempos tan calurosos.
A partir de aquí, el grupo retomó el camino ya hacia el collado del Cenicero de 964 metros de altitud. Aquí se realizó una primera parada para admirar las vistas, y la perspectiva que se tiene de los molinos de Puerto Lápice. Fausto, socio del club y participante experto en esta zona, explicó el origen de llamar al pueblo Puerto Lápice. Una vez retomada la marcha, la subida se volvió más pina y larga. Es aquí donde los participantes realizaron el primer esfuerzo serio de la jornada. El grupo alcanzó la cuerda ya prácticamente sin luz, a una altitud de unos 1060 metros aproximadamente.
En la cuerda, las vistas eran espectaculares. La sierra al anochecer, se combinaba con la visión de los pueblos cercanos y no tan cercanos que ya tenían su alumbrado público encendido. Lugares como Manzanares o Daimiel se divisaban desde ese mágico lugar.
Unos 850 metros después, el grupo llegaba por el camino hasta la altura del Chupadero. Se buscó un lugar por donde subir, una rendija que no facilitaba la subida, pero que resultaba muy interesante para los aficionados a las trepadas. Tras una pequeña trepada el grupo alcanzó la cima de la cota más alta de la ruta: El Chupadero, de 1139 m. Allí se realizó la típica foto de familia con la bandera del club, y Fausto explicó que en ese lugar se creyó que existía una figura de un “moro de oro” y que despertó el interés de muchísimos ciudadanos de la zona, que subieron hasta allí creyendo que era cierto. Una vez finalizada la explicación, se prosiguió hacia el siguiente objetivo: El Manciporra.
La bajada por el cortafuegos no se presentó fácil debido a la pendiente que tenía y a la prácticamente nula visibilidad existente. Una vez alcanzado el collado de 1069 m, se hizo una parada para reagrupar y proseguir hacia el Manciporra que se alcanzó unos 15 minutos después. Se decidió no hacer cima por la peligrosidad del tramo entre el camino y la cima en circunstancia nocturna, por lo que el grupo bajó unos cientos de metros y realizó la principal parada de la noche para tomar un bocado a la luz de las estrellas. Aquí el grupo disfrutó tanto de la comida como de las impresionantes vistas del cielo, que permitía apreciar estrellas, constelaciones, planetas, y algunas perseidas que también se podían disfrutar gracias a la poca contaminación lumínica de la zona.
Una vez realizadas las observaciones pertinentes, el grupo continuó hacia el Párraga de 917 m, para poco después bajar por otro cortafuegos con una fuerte pendiente que dejó al grupo a los pies de la pedanía de Cinco Casas.
Una vez atravesada dicha pedanía y tras pasar por la Casa de Valdezarza, ubicada a los pies del camino del mismo nombre, el grupo alcanzaba el Colmenar de las Huérfanas, donde estaba ubicado el vehículo.
Tras dejar a los participantes en sus vehículos en la ermita de Valdehierro, se dio por finalizada la ruta, agradeciendo a los participantes y en especial a Fausto sus amenas explicaciones, y se emplazaban para la ruta que el club organizará a finales de agosto a las Cascadas del Hervidero en San Agustín del Guadalix en Madrid.

CXXII Ruta –Chupadero–Manciporra-ruta nocturna